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Artículo escrito para Predicación EXPOSITIVA.
Por Rodrigo Avila

Es deber de todo cristiano el poner en práctica lo que la Biblia dice. Santiago 1:22 dice, “Sed hacedores de la Palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos.” En otras palabras, no es suficiente aceptar mentalmente las verdades bíblicas que escuchamos sino que también debemos moldear nuestra conducta de acuerdo a los mandamientos de Dios. Ya que el ser hacedores de la palabra es tan importante en la vida cristiana, ¿hay algo que el predicador de la Palabra puede hacer para ayudar a su audiencia a poner en práctica los mandamientos de Dios? La respuesta es un rotundo, sí. Un fiel predicador y pastor puede (y debe) orar por su iglesia, aconsejar a sus miembros y también ser un ejemplo que otros puedan imitar. Pero hay una cosa más que puede hacer: Aplicar las Escrituras para sus oyentes.

La aplicación en la predicación expositiva puede definirse como “el proceso por el cual el expositor toma una verdad bíblica del texto y la aplica a la vida de su audiencia, proclamando por qué es relevante para sus vidas, y apasionadamente alentándolos a hacer los cambios necesarios en sus vidas de una manera coherente con la intención original del autor.” (Akin, Curtis and Rummage, Engaging Exposition, 171.)

Algunas veces las definiciones no siempre nos ayudan a entender los conceptos de la mejor manera y es por eso que un ejemplo de cómo esto se lleva a cabo puede ser de mucha utilidad. Veamos cómo en una oportunidad Juan el Bautista aplicó la Biblia a sus oyentes. Lucas 3 nos dice que él basó su sermón en las palabras del profeta Isaías (v. 4). Luego él tomó estas palabras para confrontar el pecado de las multitudes que lo oían, llamándoles al arrepentimiento (v.8), advertiéndoles del juicio (v. 9) y finalmente hablándoles de las buenas nuevas (v. 18).

Es evidente que el mensaje de Juan tuvo un impacto en aquellos que lo escuchaban. Es obvio que Juan comunicó un mensaje absolutamente bíblico y de sana doctrina, siendo él un profeta de Dios. Y también es manifiesto que explicó claramente lo que el pasaje de Isaías decía para sus oyentes. Sin embargo, vemos que las personas aún tenían dudas sobre cómo su sermón se aplicaba a sus vidas, por lo tanto, en los versos 10 al 14, vemos que:

“La gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos? Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.
Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?
Él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado.
También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.”

Podemos ver que Juan no estuvo contento con únicamente hacer generalizaciones sino que a cada uno le hizo ver cómo lo que estaba predicando tenía relevancia para su vida en particular.

Es cierto que, a diferencia de Juan, comúnmente los predicadores predican sus sermones desde un pulpito, lo cual no siempre permite la interacción con las personas, pero si el predicador es también el pastor de sus oyentes, debe conocer a sus ovejas y, por lo tanto, debe saber cómo aplicar las Escrituras a sus vidas. El cómo de la aplicación lo dejaremos para un posteo futuro, por ahora, creo que es suficiente con haber explicado brevemente el “qué” de la aplicación.

 

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Predicador Graduado del Master's Seminary, sirve en el ministerio Gracia a Vosotros
Esposo de Sheila y padre de Ian y Evan. Pecador redimido por la Gracia Soberana de Dios y llamado al plantamiento de iglesias en America Latina.

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