Artículo escrito para Predicación EXPOSITIVA.
Por Rodrigo Avila

En un artículo anterior traté de dar respuesta a la pregunta: ¿Qué es la aplicación de un texto bíblico? Ahora es el turno de hablar sobre el “cómo” de la aplicación y para facilitar esta tarea quiero proponer una lista de principios para tener en mente.

1. Sigue los Pasos en Orden

Es importante notar, antes que todo, que una aplicación correcta debe provenir de la exegesis y la exposición de nuestro texto. Este es el orden apropiado. No debemos buscar aplicar nuestro pasaje sino hasta que entendamos lo que dice y sepamos cómo explicarlo.

2. Identifica el Tipo de Pasaje

Existen pasajes que deben ser aplicados para cambiar nuestro comportamiento y/o para modificar nuestras creencias.

Por ejemplo, en el sermón del monte, la enseñanza de Jesús demanda un cambio de conducta en asuntos como la ira, el adulterio, el divorcio, los juramentos y el amor hacia los enemigos.
En Romanos 9, la instrucción de Pablo requiere un cambio de creencia sobre el tema de la elección soberana de Dios en la salvación.

3. Haz las Preguntas Correctas

Pablo le dijo a Timoteo que “Toda la Escritura es …útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.” Por lo tanto, cada pasaje de la Biblia debe contener alguna enseñanza que cause “que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra (2 Tim. 3:16-17).”

Estos son algunos tipos de preguntas que nos ayudarán a aplicar el texto bíblico a nuestra audiencia y a nosotros mismos.

  • ¿Hay una verdad para entender o creer?
  • ¿Hay un pecado para confesar o evitar?
  • ¿Hay una promesa para reclamar?
  • ¿Hay un mandamiento para obedecer?
  • ¿Hay un principio para aplicar?
  • ¿Hay un hábito para empezar o parar?
  • ¿Hay una actitud para corregir?
  • ¿Hay una acción para tomar?
  • ¿Hay un ejemplo para seguir?
  • ¿Hay una meta por la cual esforzarse?
  • ¿Hay un ministerio para hacer?

4. Aplica lo que Has Aprendido

La Biblia condena severamente a los maestros que “dicen pero no hacen” (Sal. 50:16-20; Mt. 23:3-4; Rom. 2:21). Entonces, es de imperiosa necesidad que pongamos en práctica lo que predicamos. Esto no significa que nunca pequemos o que nunca nos sintamos como hipócritas en el púlpito pero si quiere decir que por la gracia de Dios, seamos capaces de experimentar una santificación progresiva.

Para concluir, quiero citar las apropiadas palabras de John Owen cuando dijo:

“Ahora, por supuesto, vamos a reconocer y admitir que es el Espíritu Santo, quien es el verdadero aplicador de la palabra. Esa es una verdad vital, central y básica para todo nuestro pensamiento. Es el Espíritu Santo quien toma la Palabra de Dios y la utiliza como la espada que penetra hasta partir el alma y el espíritu. Pero eso no nos excusa para no hacer el trabajo de preguntar: ‘¿Cómo debería yo aplicar estas verdades a mi propia conciencia y luego a la conciencia de esta gente.’”

 

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Predicador Graduado del Master's Seminary, sirve en el ministerio Gracia a Vosotros
Esposo de Sheila y padre de Ian y Evan. Pecador redimido por la Gracia Soberana de Dios y llamado al plantamiento de iglesias en America Latina.

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