CONCLUSIÓN

Podemos decir a modo de conclusión que es precisamente a través de la proclamación pública del mensaje divino que Dios quiere confrontar el mundo con sus propios pecados y a la vez ofrecerle la salvación. Por lo tanto, la existencia de mensajeros y predicadores del evangelio de la gracia divina forma parte del plan de salvación desde los primeros momentos. Podemos decir que el mensaje que hay que predicar consiste básicamente en seis puntos, si miramos el contexto de la Escritura:

Primero: la predicación se basa sobre hechos. Es muy interesante que por ejemplo la predicación de la resurrección de Jesucristo radica en una serie de hechos que para las personas de los tiempos de los apóstoles no dejaban lugar a duda y que obligaron a la generación de los apóstoles a considerar la resurrección de Jesucristo como un hecho histórico

Segundo: la predicación es consciente de la historia de los grandes hechos de Dios. Dios se ha manifestado en ciertos lugares y en ciertos tiempos. Llama la atención que tanto los profetas del Antiguo Testamento como los apóstoles con frecuencia hacen referencia a los grandes hechos históricos que ocurrieron en Israel. La historia es interpretada a la luz de su significado soteriológico.

Tercero: el punto central del mensaje a predicar es la salvación en Cristo. En el Antiguo Pacto esto todavía no estaba claramente revelado. Simplemente se daba el anuncio de la salvación por un Mesías por venir. En el Nuevo Testamento ya tiene nombre:

 Jesucristo.

Aquel que es realmente es el mensaje central de todos los profetas. En este sentido Jesucristo da a los discípulos una clase magistral de hermenéutica propiamente entendido. Tanto a los discípulos que van camino a Emaús como a los que están reunidos en el aposento alto les da el entendimiento correcto del objeto central de toda la revelación: Todos los profetas, la Ley de Moisés y todos los escritos del Antiguo Testamento hablan de Cristo.

Cuarto: Si hablamos de la doctrina de la predicación tenemos que constatar claramente que no existe una contradicción entre el Nuevo Pacto y el Antiguo Pacto. La salvación en Jesucristo se basa teológicamente sobre el pacto Abrahamico. Pablo especifica en Galatas 3:29 que somos hijos de Abraham por la fe. El Antiguo Testamento es tan relevante para el entendimiento correcto de las verdades reveladas acerca del Mesías que no hay ruptura entre ambos testamentos. Es una línea recta que va desde la promesa de Génesis 3:15 hasta su cumplimiento final y total en el mundo venidero.

Quinto: la predicación siempre impone a los oyentes por un lado las exigencias de las demandas justas de Dios y por otro lado ofrece la gracia inmerecida. Es la famosa predicación de la Ley y de la Gracia que tan importante era para los reformadores, empezando con Martín Lutero.

Sexto: la predicación bíblica de todos los tiempos siempre tiene una dimensión escatológica: miramos hacia adelante al cumplimiento de nuestra esperanza. La bendita esperanza de las promesas que todavía no se han cumplido siempre forma parte de la predicación del Evangelio hasta que Cristo vuelva.

Con esta pequeña teología bíblica de la predicación queremos animar a todos los que en nuestros tiempos han tomado «el testigo» de aquellos que proclamaron en el pasado los grandes hechos de Dios en la salvación para a su vez pasarlo fielmente a aquellos que seguirán predicando el mismo evangelio en las futuras generaciones. El predicador bíblico se siente arropado por el testimonio de La Escritura y la gran nube de aquellos que fueron fieles testigos que la gracia divina a través de los tiempos.

José Hutter es esposo de Ursula. Pecador redimido por la Gracia Soberana de Dios. Licenciado en Teología por la STH Basilea/Suiza. Doctor en Teología por la FTCR España.

Ejerce como profesor en varios seminarios dentro y fuera de España, entre ellos, la Facultad Teológica Cristiana Reformada de España. Es también presidente de la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Española (AEE) y ha escrito varios libros.