I. INTRODUCCIÓN

La idea que hay detrás de la predicación es bien sencilla: Dios se revela a los hombres a través de su Palabra. Y el escoge a personas para explicar y aplicar esta Palabra.

La tarea de un predicador es hablar como testigo de la revelación divina. Esta revelación hay que interpretarla, explicarla y aplicarla a las necesidades y exigencias del momento. Es según la definición más conocida la “comunicación de la verdad a través de la personalidad.”

En esta 1° parte queremos aproximarnos a lo que podríamos llamar una “teología bíblica de la predicación.” En otras palabras: vamos a hacer un repaso rápido a través de la Sagrada Escritura para averiguar las líneas maestras de la proclamación pública de lo que Dios ha revelado. Por supuesto no podemos pararnos en los detalles y seguramente quedarán muchos pasajes relevantes sin mencionar explícitamente y se ven reflejados en un simple y escueto resumen. Pero mi intención es sencillamente ayudar a entender las líneas maestras de lo que es la teología de la predicación en el Antiguo y Nuevo Testamento.

II.  EL VOCABULARIO

Vamos a mirar brevemente algunas de las palabras más frecuentes para nuestro tema en la Biblia. En al AT encontramos la palabra qohelet (predicador). Se trata de una persona que se dirige a la congregación de los fieles proclamando y aplicando la Palabra divina. De hecho, hay un libre entero que lleva este nombre: es el libro de “Eclesiastés” que en hebreo simplemente se llama “Qohelet”.

El verbo “basar” se usa en hebreo para “proclamar buenas noticias” y tiene en el NT el verbo correspondiente “euangelítso” (nuestra palabra “evangelizar” viene de allí).

El verbo “qara’ y el substantivo “qeri’a” hablan de la proclamación de un mensaje y encuentran su correspondencia en la pareja griega “kerysso” y “keryx”.

Otras dos palabras griegas completan finalmente el abanico del vocabulario bíblico de la predicación: “diangello” que habla de la proclamación pública y “katangello” que añade el matiz de hacerlo con especial reverencia y solemnidad.

 

III. LA PREDICACIÓN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

 1. LA EPOCA PREDILUVIANA

En la época prediluviana hay tres acontecimientos que se deberían mencionar en el desarrollo de nuestro tema y que están relacionados con los nombres de Abel, Enoc y Noé.

Abel

Desde el primer momento, Dios tenía personas encargadas para predicar su mensaje en la tierra. Es curioso que la primera persona que oficialmente recibe el “título” de profeta es precisamente Abel. Esto puede sorprender a muchos, incluso a primera vista puede parecer una especulación muy atrevida. Pero la verdad es que nadie menos que nuestro Señor Jesucristo menciona este hecho. Lucas cita a Jesús en su evangelio (11:50.51) :

“… para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mudo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías…”.

Abel es llamado explícitamente “profeta”, lo cual indica que en ocasiones específicas Dios le había encargado a comunicar mensajes por su parte. Esto explica también por qué Caín -que según 1 Juan 3:12 “era del maligno”– tenía la intención de matarlo y quitar así de en medio al portavoz de la revelación divina. Sin lugar a dudas, Dios había comunicado a través de Abel cosas esenciales de pecado y redención, lo cual nos explica porque en el capítulo 4 de Génesis tenemos a los dos hermanos ofreciéndole a Dios sacrificios adecuados e inadecuados.

Después de la muerte de Abel, sin embargo, la voz profética entre la línea de la bendición no se extingue. Todo lo contrario. Al final de capítulo 4 que habla precisamente del primer mártir por causa del evangelio (porque no se debe ni se puede ver este incidente puramente en clave de un enfrentamiento entre dos hermanos) leemos en el relato de Génesis:

“Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Yahveh” (4:26).

Esto no solamente habla de oraciones dirigidos hacia el Dios del Pacto, sino de un culto organizado según la voluntad de Dios que sin lugar a dudas incluía tanto sacrificios, oraciones y la comunicación de los mensajes divinos que Dios hasta el momento quería revelar a la humanidad. Ahora comienza una época donde los verdaderos adoradores de Dios se separan de la cultura cainita que se niega a rendir un culto adecuado a su Creador. Esto implica y requiere enseñanza y proclamación específica de la verdad revelada. El texto específicamente nos dice que esto empieza en los tiempos de Enós.

Enoc

El relato de Génesis simplemente nos indica que Enoc “andaba con Dios”, lo cual quiere decir que él vivía una vida en comunión con Dios y que Dios finalmente le “llevó”, es decir que su forma de pasar a la presencia del Señor tenía más que ver con la despedida de Elías que de los otros personajes entre Adán y Noé. Podríamos realmente dejar este incidente de lado si no fuera por el hecho que Judas en su carta hace mención explícita de Enoc (v. 14) y menciona que “profetizó”.  Judas incluso cita una parte de la profecía de Enoc donde él habla del juicio sobre los hombres malvados que se rebelan contra Dios -que por cierto era un mensaje muy adecuado para los tiempos en los cuales Enoc llevó a cabo su ministerio, con una cultura pagana/cainita que ganaba rápidamente terreno. No cabe ninguna duda que este mensaje del juicio divino formaba parte de los discursos públicos de Enoc.

Noé

Y con esto llegamos a Noé. De nuevo tenemos que juntar información de varias fuentes para hacernos una idea del aspecto que nos interesa en este contexto: la predicación. Noé no solamente era profeta, un hombre piadoso, justo y temeroso del Señor. Él también tenía indudablemente el ministerio de proclamar públicamente el mensaje divino. Que esto era así desprendemos de los tres pasajes claves que dan testimonio de ello.

El relato de Génesis 6 nos habla de la gracia que Noé «halló … ante los ojos de Yahweh», del hecho que era un hombre “justo” y que “con Dios caminó”. Indudablemente, Noé recibió por parte de Dios no solamente el encargo de construir un barco, sino también el de predicar públicamente el juicio venidero y la única manera de salvarse.

Esto nos indica el segundo pasaje, 2 Pedro 2:5, que habla de algo que realmente nos llama la atención: «[Dios] guardó a Noé, pregonero de justicia …».  Aprendemos dos cosas: en primer lugar, Noé aprovechó los 120 años que Dios le había concedido para construir el arca no solamente para esa tarea inmensa, sino que además aprovechaba la oportunidad que se le brindó y predicaba a las personas que se acercaron para ver la obra gigantesca. La palabra que usa Pedro es precisamente una de las palabras “clásicas” para aquel que predica: κηρυξ (kéryx), que no era otra cosa que el que proclama un mensaje en nombre de otra persona.

Pero además aprendemos de este versículo que el tema de sus mensajes era la justicia. La palabra es exactamente la misma que Pablo usa en Romanos 3:21.22 cuando dice que la justicia de Dios se ha manifestado aparte de la ley y por medio de la fe en Jesucristo.

Y es precisamente uno de los versículos que a primera vista parece uno de los más enigmáticos del NT que nos ayuda a entender este hecho: se trata de 1 Pedro 3:18-20. Este pasaje nos confirma lo que acabamos de mencionar: Noé predicó en el poder del Espíritu Santo a sus contemporáneos durante el tiempo que construyó el arca. Es curioso que la palabra que se usa para “predicar” es kerysso que es el verbo que corresponde a kéryx en 2 Pedro 2:5.

Pero no solamente aprendemos algo del mensaje de los predicadores antes del diluvio, sino también algo sobre los resultados: aunque Noé predicaba en el Espíritu Santo, el resultado fue cero. Es decir: nadie le hizo caso. Seguramente no le hubieran invitado a dar un taller sobre crecimiento de iglesia. Pero lo que caracterizaba a Noé era su fidelidad al mensaje que Dios le había encomendado. Y esto es todo lo que cuenta.

 

2. LA ÉPOCA DE LOS PATRIARCAS

En la época de los tres patriarcas clásicos de Israel -Abraham, Isaac y Jacob- no tenemos muchos indicios de que ellos formalmente llevaron a cabo predicaciones en público. Sin embargo, de la misma manera como vemos en el incidente del sacrificio de Isaac y las explicaciones correspondientes de Abraham a su hijo es de suponer que en los momentos cuando ellos erigen sus altares dieron las explicaciones correspondientes a su familia y a los empleados que estaban en su casa. En otras palabras: los altares de los patriarcas en sí mismo eran predicaciones porque proclaman la existencia de un Dios invisible que ha hecho un pacto con ellos. Y si echamos un vistazo a las bendiciones finales tanto de Isaac como de Jacob nos damos cuenta de que estamos ante unas exposiciones de la revelación divina muy concretas y cuidadosas.

 

3.  LA ÉPOCA DE MOISÉS

Con esto llegamos a la época del cautiverio de Israel en Egipto. En este tiempo y durante siglos no había más Palabra por parte del Señor. Sin embargo, en un momento determinado Dios llama a Moisés y con él empieza uno de los ministerios de predicación más brillantes e importantes en la historia de la revelación divina. Superando la resistencia inicial de Moisés que incluso alega su incapacidad de hablar, Dios le usa como portavoz suyo de una manera única en la historia de Israel. En innumerables ocasiones Moisés se dirige directamente a los israelitas para revelarles palabras que Dios le había encomendado. En otras ocasiones Moisés lanza discursos durísimos acusándoles a los israelitas de su desobediencia. Pero los ejemplos más impresionantes de este tremendo predicador que era Moisés son cuatro de sus discursos reunidos en un solo libro: el libro de Deuteronomio. Usando la forma clásica de un pacto de suzeranía de su época con sus cinco elementos, Moisés hace un repaso histórico detallado de la revelación que Dios había dado hasta este momento. Moisés habla del tiempo de los patriarcas, de la formación del pueblo de Israel y de la revelación de la Ley que Dios había dado. El discurso termina con un llamado al pueblo para tomar una decisión. Y esa decisión sería su disposición a cumplir el pacto de Dios.

De la misma manera procede el seguidor de Moisés: Josué. Al final de su ministerio Josué en el capítulo 24 del libro que lleva su nombre se despide del pueblo. De nuevo tenemos un discurso brillante que sin lugar a duda podemos llamar “predicación”. Y como lo hizo Moisés unos años antes, Josué también hace un llamamiento a la obediencia. Nos damos cuenta de que tanto en las predicaciones de Moisés como en el discurso de Josué los elementos históricos de la historia de Israel juegan un papel fundamental.

 

José Hutter es esposo de Ursula. Pecador redimido por la Gracia Soberana de Dios. Licenciado en Teología por la STH Basilea/Suiza. Doctor en Teología por la FTCR España.

Ejerce como profesor en varios seminarios dentro y fuera de España, entre ellos, la Facultad Teológica Cristiana Reformada de España. Es también presidente de la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Española (AEE) y ha escrito varios libros.