Querido lector, empiezo escribiendo este artículo con sumo temor y reverencia a nuestro Señor. Después de haber orado y meditado pacientemente sobre el asunto a tratar, pues es un tema que nos atañe a muchos, sobre todo, si eres pastor, teólogo, seminarista, o muy activo en las redes sociales, y te gusta escribir y publicar mucho en los muros de dichas vitrinas, que no son malas en sí y que a muchos pueden edificar.

Sin embargo, en un mundo en el que las redes sociales se han convertido en algo muy importante, dichas publicaciones que en un principio pueden ser buenas y edificar, se pueden convertir en algo no tan bueno para nosotros. ¿A qué me refiero? Vamos al meollo de la cuestión.

¿Cuál es la motivación de tus publicaciones?

Hay una ventana abierta para ser de bendición, pero también se puede convertir en algo pecaminoso alimentando el egocentrismo narcisista. Es decir, en las redes sociales, podemos estar publicando verdades como puños —permíteme usar esta expresión dicha bastante en mi región— pero puede ser que el foco no esté direccionado al lugar idóneo y puede estar direccionado a nuestro “yo”.

Hay una línea muy fina entre: “esto lo publico para la gloria de Dios y edificación de su iglesia”, a “esto lo publico para ser más conocido, llegar a ser un influencer cristiano y así pueda ser invitado en breve a la conferencia de moda”. Digo esto, no señalando a un lugar o a alguien en concreto, sino para que todos podamos meditar y orar, para poder preguntarnos honestamente, ¿Cuál es mi motivación? ¿Los focos y las conferencias? O ¿es la Cruz y la gloria del Señor?

Hace poco un joven me dijo que le gustaba escuchar a ciertos predicadores, porque soñaba con ser como ellos; me quedé pensando y le dije: «mal empiezas».                                           ¿No ves lo que se está consiguiendo por estas publicaciones desmedidas?                              ¿No ves lo que consigues llenando TUS muros con TU imagencon TU frase y con TU firma?

Cuando la Biblia nos dice claramente a quien debemos imitar, ¡A Cristo!

Filipenses 2:3-5 nos recuerda:

“Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús.”

Te recomiendo leer la carta entera de Pablo a los Filipenses.

Nada hagáis por vanagloria

No estoy, diciendo que publicar en tu muro, en el de tu iglesia, de vez en cuando para edificación y gloria de Señor este mal, al contrario, es necesario, pero hacerlo mirando a la Cruz, no hacia la próxima conferencia y sus focos. Examina tu corazón, y si estas haciendo algo motivado por tu vanagloria, ora. Y si es necesario, sal de las redes sociales por un tiempo, hasta que el Señor pueda obrar en ti y puedas publicar bajo la sombra de la Cruz y no bajo la luz de los focos. No fuimos llamados para ser iluminados por los focos, sino para estar arrodillados ante la sombra de la Cruz.

No busques tu propio interés.

Y ojalá el problema sólo sean las redes sociales, pero tristemente, aunque comenzaba la introducción hablando de dicho tema, el problema está también en el día a día de la iglesia.

En lugar de buscar la unidad bajo la Cruz, unos buscan la luz de los focos, actuando según sus intereses en vez del interés del Evangelio y la Gloria del Señor. Capaces de censurar a otros para que ellos brillen más a la luz de los focos y en las redes, y los otros sean llevados al ostracismo.

Amado lector, es preferible estar oculto bajo la sombra de la Cruz, que estar brillando en el mundo por las luces despampanantes de los focos y elevados en tarimas ególatras. Actitudes farisaicas, y a veces incluso hasta «mafiosas», que dicen qué es lo que vale y lo que no, dejando a un lado la Cruz y la Palabra, mirando sus propios intereses, juntándose ente ellos conformando peligrosos y tenebrosos círculos de influencia. Los focos llaman a los focos, y la exposición a ellos genera un cálido y confortable lugar para nuestra naturaleza pecaminosa, mas donde es difícil estar, es bajo la sombra de la Cruz.

Seamos imitadores de Cristo.

Filipenses 2:6-8 nos dice:

«el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse,  sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

Que nuestros ojos estén puestos en Cristo, y nuestros pasos a seguir también.                      No fuerces los focos, queriendo exaltarte a ti mismo, censurando a otros hermanos que han sido llamados por el mismo Señor a predicar el Evangelio para la Gloria del Cordero, sino más bien, vacíate de todo egocentrismo y megalomanía narcisista.

Sinceramente, te animo a que te examines a la luz de las Escrituras y no a la de los aplausos de los hombres. Sé humilde, vive en comunión, no censures mientras el Señor no censure, recuerda sus palabras: «Pues el que no está contra nosotros, por nosotros está» (Marcos 9:40). Humíllate ante la Cruz, vive para la gloria del Señor. Que como dijera Juan el Bautista, “Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya.” (Juan 3:30), así también, puedas decirle a tu corazón pecaminoso.

Estas mismas palabras que van dirigidas a ti, amado lector  —y puede que te sean duras— me las he dicho yo mismo durante mucho tiempo. Debemos pisotear nuestro orgullo, no convirtamos la Iglesia de Nuestro Señor en disputas y en partidos político-eclesiales, sino que seamos “Columna y Baluarte de la Verdad” (1 Timoteo 3:15), y que la Luz de Cristo y su Evangelio brille en su Iglesia para que así podamos ser Luz del mundo (Mateo 5:14), y para eso es necesario dejar los focos a un lado, desenchufarlos, y humillarnos en la sombra de la Cruz.

¿Dónde estás ubicado? ¿A la luz de los focos o ante la sombra de la Cruz? Aun estás a tiempo.

¡En todo, sólo a Dios la gloria! (Rom 11:36)

“No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da gloria,
por tu misericordia, por tu fidelidad.”  (Salmo 115:1)

 

Samuel Alonso es esposo de Sandra. Pecador redimido por la Gracia Soberana de Dios. Posee estudios Teológicos del Seminario Bíblico William Carey y del Curso de Liderança Fiel (Formación Ministerio Fiel Brasil).

Misionero Plantador en Proyecto Noé. Actualmente trabaja en la plantación de IBIN "Los Santos de Maimona", Badajoz, España.

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