Posiblemente, hayas escuchado que “toda verdad es de Dios”. Aunque esta afirmación indudablemente es verdad, ya que Dios es fuente de toda verdad, nuestro interés aquí tiene que ver con lo que se llama verdad final o mayor.

Cuando tratamos con la verdad final, debemos declarar sin reserva que Jesús Cristo es la Palabra Verdadera de Dios en forma humana y la Biblia es la Palabra Verdadera de Dios en forma escrita. Dios es tan infinitamente más alto que nosotros que sería imposible que conociéramos algo acerca de Él a no ser que Él decidiera revelarse a nosotros. Como cristianos, creemos que Dios ciertamente se ha manifestado a nosotros por medio de Jesucristo; además, también se ha revelado en una verdad eterna, universal, conocible e inmutable, que se llama la Biblia o las Escrituras. Esta creencia es tan fuerte, que hemos “apostado” nuestras vidas presentes y nuestro gozo eterno en Jesucristo y la verdad de la Palabra de Dios.

Pensemos en lo escrito en 2 Timoteo 2:11-19 (RVR1960):

“11 Palabra fiel es ésta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; 12 Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará. 13 Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo. 14 Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes. 15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. 16 Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. 17 Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, 18 que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos. 19 Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo”.

Ya que Dios nos ordena en el versículo 15 que usemos (o que hagamos un corte derecho o que dividamos o que expongamos bien Su Palabra, los predicadores debemos preguntarnos: ¿Cómo es que logramos eso? (Recordemos que 2 Timoteo fue escrito a un predicador.) Aquí hay unas ideas sobre cómo usar bien la Palabra de Verdad:

  • Debemos usar la Biblia en su contexto –el contexto del capítulo en que se encuentra un pasaje, el contexto del libro en que se encuentra un pasaje, el contexto del testamento en que se encuentra un pasaje y el contexto de toda la Biblia.

 

  • Debemos usar la Biblia con una conciencia de sus grandes categorías, como son Creación, Caída, Redención y Consumación.

 

  • Debemos usar la Biblia como Jesús hizo con los dos discípulos en el camino a Emaús – como la historia de Él, desde principio a fin.

 

  • Debemos usar la Biblia de tal forma como para dirigir nuestros oyentes –tanto creyentes como no creyentes– hacia el evangelio y su divino poder. La salvación y la vida cristiana victoriosa son posibles únicamente por el poder del evangelio.

 

  • Debemos usar la Biblia de tal forma que todo enfoque a Dios. La predicación bíblica presenta un Dios grande –Dios en su omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia, santidad, amor, ira, misericordia, juicio, gracia, justicia, gloria, majestad y esplendor.

 

Si nos comprometemos con usar bien la Palabra de Verdad, en una manera que agrada y honra a Dios, ¿cuáles son algunos de los resultados que podemos esperar?

  • Seremos guardados de contiendas sobre palabras no provechosas, que contribuyen a la perdición de los que las escuchan (versículo 14).

 

  • Seremos aprobados por Dios, siendo obreros que no tenemos de qué avergonzarnos (versículo 15). Este es el resultado más importante, ya que, en el día final, la opinión de Dios sobre nuestras vidas y ministerios será la que importa.

 

  • Seremos protegidos de profanas y vanas palabrerías, las que multiplican la impiedad y carcomen como gangrena (versículos 16-17).

 

  • Jugaremos un papel crucial en evitar el trastorno de la fe de los que se sientan bajo nuestra predicación (versículo 18).

 

Vemos, entonces, que este no es ningún asunto trivial con que estamos tratando aquí –no es nada menos que la eterna Palabra de Dios sobre la que Él ha puesto un valor extremadamente alto. El Salmo 119:89 declara: “Para siempre, oh Jehova, Permanece tu palabra en los cielos”. Además, Dios ha “engrandecido (su) nombre, y (su) palabra sobre todas las cosas” (Salmo 138:2).

Como dice un autor:

“Los predicadores debemos estar comprometidos con “permanecer en la línea, no (elevándonos) nunca por encima del texto de la Escritura para decir más de lo que esta decía y nunca cayendo por debajo del texto reduciendo su fuerza o plenitud”.

(“Helm, David. (2014). La predicación expositiva: Cómo proclamar la Palabra de Dios hoy. Washington, DC, USA: 9Marks. Páginas 12-13.”)

Cuando no manejamos la Palabra de Dios correctamente, con frecuencia pasamos completamente por alto el punto central del pasaje. Por ejemplo:

  • Cuando prediquemos sobre Israel y el Mar Rojo, podamos terminar ofreciendo a los oyentes “Siete pasos para navegar exitosamente los Mares Rojos de tu vida”, cuando el punto de este evento era que Dios fuese glorificado en Faraón y todo su ejército y que los egipcios supieran que Él era Jehová (Éxodo 14:4).

 

  • Cuando prediquemos sobre David y Goliat, podamos amablemente enumerar para la congregación “Diez claves para matar a los gigantes en tu vida”, cuando el objetivo de este acontecimiento era que toda la tierra supiera que había Dios en Israel (1 Samuel 17:46).

 

¡Pienso que los predicadores saben exactamente de qué hablo! ¿Cuántos sermoncitos sin rumbo se han predicado? ¿Cuántos temas favoritos de algún predicador han sido tratado una y otra vez? ¿Cuántos asuntos de poca importancia han sido analizados hasta el cansancio? ¿Cuántos textos se han citado –muchas veces fuera de contexto– para dar la apariencia de legitimidad a algún sermón?

En la universidad, algunos de mis compañeros y yo a veces bromeábamos:

“¡Tengo este excelente sermón que he preparado –ahora solo me falta Biblia para respaldarlo!”

Lamentablemente, esa es la manera que algunos sermones son preparados: se comienza con lo que el predicador quiere decir y luego se busca obligar a las Escrituras que apoyen nuestras nociones preconcebidas. Cuando hacemos eso, no somos mejores que las sectas falsas –y tal vez peores. No hemos de predicar ni opiniones ni preferencias personales; no hemos de predicar un evangelio terapéutico, legalista ni licencioso. ¡Hemos de predicar la Palabra!

Un sermón verdaderamente bíblico no tiene que ver fundamentalmente con lo que el predicador quiere decir o la congregación desea oír, sino con lo que Dios busca comunicar desde su Palabra por medio de su mensajero. Dios no inspiró y preservó su Palabra a través de los milenios para que nosotros la usáramos incorrectamente. Hemos de usarla cómo corresponde. Hemos de predicarla, no predicar sermoncitos pegajosos de tres puntos acerca de ella.

Debemos predicar la Biblia expositivamente, así entregando a la iglesia “todo el consejo de Dios” (Hechos 20:27). ¡Es asombroso que Pablo podría hacer tal declaración después de haber pasado solo tres años en Éfeso! Luchemos por poder decir lo mismo con toda honestidad en nuestro ministerio. Un predicador que no practica la predicación que es verdaderamente bíblica, le está haciendo un flaco servicio a la iglesia.

El púlpito no es nuestra propiedad privada. Cuando nos paramos detrás de él, estamos detrás del “escritorio sagrado”, como se llamaba en días pasados. Tenemos un deber sagrado y solemne de exponer fielmente la Palabra de Dios.

Vivemos en tiempos difíciles. Los cristianos más y más enfrentaremos escepticismo y cuestionamientos sobre nuestra fe. La persecución pareciera dirigirse hacia nosotros a toda velocidad. Los miembros de nuestras iglesias necesitan un fundamento sólidamente bíblico y teológico sobre el que puedan construir sus vidas. Esto no se logrará por predicar mensajitos livianos sino por la exposición rigurosa de las Sagradas Escrituras.

¡Qué Dios levante más predicadores comprometidos con predicar expositivamente, con usar bien la Palabra de Verdad!

Felipe Rogers es esposo de Wendy, padre de Brooke y Bryson. Llamado a preparar pastores y misioneros para plantar iglesias por todo Chile y en otros países.

Misionero y Ex Pastor en Iglesia Bautista El Faro, Santiago de Chile

Comparte este artículo!
Share on Facebook
Facebook
Share on Google+
Google+
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin