Nunca en la historia un púlpito ha podido alcanzar tanta difusión como en nuestros días. Hoy tenemos la posibilidad de grabar audios y vídeos, así como de registrar nuestros textos en formato digital; publicarlos en internet y virtualmente nuestra predicación puede llegar a cualquier parte del mundo en que haya acceso a la web.

Lamentablemente, esta gran posibilidad de difusión se ve opacada por la triste superficialidad y falta de poder en la predicación. Y aquí no me refiero a que el predicador tenga que gritar, saltar o hacer toda clase de artilugios retóricos para considerar que su predicación tiene poder. La falta de poder se deriva de la ausencia de la Palabra de Dios en la predicación.

Y es que las Escrituras declaran que “la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón” (He. 4:12, LBLA). Ninguna otra palabra tiene la virtud de ser viva y eficaz. Ninguna otra palabra tiene este poder de penetrar en el ser interior y obrar en lo más profundo del hombre.

Un púlpito sin profundidad ni clara exposición de las Escrituras es un púlpito agonizante, lánguido, sin poder; aunque esté lleno de luces, colores y melodías. Tristemente, es la realidad de gran parte de los púlpitos en nuestros días, que han abandonado la predicación de la Palabra de Dios y han preferido seguir tradiciones, filosofías y huecas sutilezas; sucumbiendo a todo viento de doctrinas humanas y de demonios.

Pero, insistimos, sólo la Palabra de Dios tiene la virtud de hacer efecto en los creyentes (1 Tes. 2:13). Por la Palabra el Señor creó el universo (Gn. 1), y por la Palabra recibimos la fe por medio de la cual somos salvos (Ro. 10:17). Sólo de la Palabra se dice que es espíritu y es vida (Jn. 6:63); y sólo la Escritura contiene las palabras de vida eterna (Jn. 6:68), La Palabra de Dios es la única de la que se puede decir que es perfecta y que convierte el alma (Sal. 19:7). Y sólo la Escritura es inspirada por el mismo Dios, exhalada de su boca, siendo útil para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra (2 Ti. 3:16-17).

Teniendo en cuenta todas estas hermosas verdades, lo único que importa, entonces, es que nuestros púlpitos estén llenos y saturados de la Palabra de Dios. No hay otra forma de que estén llenos de verdadero poder.

Pero ¿Cómo lograr esto?

Esa es precisamente la labor a la que se aboca la predicación expositiva. El autor David Helm ha dicho que:

“la predicación expositiva es la predicación poderosa que somete correctamente la forma y el énfasis del sermón a la forma y el énfasis del texto bíblico” (Helm, David. “La Predicación Expositiva”, 9Marks, 2014, p. 14.).

 

O, como ha sido definida sencillamente por el pastor Sugel Michelén en nuestra Mini Conferencia de Predicación Expositiva:

“… es aquella predicación en la que el mensaje del sermón es el mensaje del texto”.

La predicación EXPOSITIVA, entonces, es aquella predicación que reconoce la inspiración de las Escrituras y se rinde ante ella, sabiendo que son las Santas Palabras del Señor las que están registradas allí, y que por tanto el mayor empeño debe estar puesto en exponerlas claramente, transmitiendo el mensaje del texto con la mayor fidelidad, acuciosidad, precisión y certeza posibles al pueblo de Dios; todo esto sin añadir, quitar ni torcer el contenido del pasaje que se está exponiendo.

La verdadera predicación EXPOSITIVA, entonces, al estar llena y saturada de la Palabra de Dios, será una predicación llena de poder, todo esto desde luego acompañado por la debida preparación devocional del predicador en oración y meditación en las Escrituras.

El llamado urgente, por tanto, es a volcarnos a predicar EXPOSITIVAMENTE, esforzándonos como expositores para desentrañar las profundidades de la Palabra de Dios y rogando al Señor que nos permita presentar estas verdades con sencillez y claridad, siendo fieles al Dios que inspiró las Santas Escrituras con las que estamos tratando.

El expositor de la Biblia, entonces, debe recordar que está lidiando con lo más sagrado, a lo que debe el mayor temor y reverencia. Ha de humillarse ante las Palabras Perfectas del Creador de todas las cosas, y tener en cuenta en todo momento la exhortación del Apóstol Pablo dirigida a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15).

Si el Señor te ha dado el privilegio de exponer en el púlpito, no lo desperdicies ni lo deshonres predicando palabras humanas. Predica la Palabra de Dios, predica lleno del poder de Dios, predica EXPOSITIVAMENTE.

Alex Figueroa es esposo y padre. Pecador redimido por la Gracia Soberana de Dios.

Pastor de Iglesia Bautista Gracia Soberana y Ex-Coordinador General del ministerio Predicación EXPOSITIVA.

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